¿Qué son los ácidos en cosmética?
La piel, tiene su propio ciclo de renovación. Las células, se regeneran continuamente en las capas más profundas de la piel, y viajan hacia la superficie para reemplazar a las células más viejas.
Con la edad, el ritmo de renovación de las células cambia, y se ralentiza, provocando cambios en las condiciones de la piel.
Las células, en una piel joven, tardan 28 días en llegar a la superficie. Sin embargo, a partir de los 30 años, este proceso se vuelve más lento, acumulándose más células muertas en la piel. Eso, nos dará un aspecto más opaco y rugoso, y la producción de fibras de elastina y colágeno será mas lenta, provocando la aparición de finas líneas de expresión.
Esto es algo natural, el paso del tiempo lo cambia todo, y nuestra piel no iba a ser menos. No hay que dramatizar, ya que, el cumplir años sólo significa que estamos vivos, y eso es maravilloso.
No obstante, para las que nos gusta cuidarnos y tener una piel bonita y saludable, tenemos algunos aliados a los que acudir para luchar contra los signos de la edad y las imperfecciones de la piel.
Cuando hablamos de ácidos cosméticos, nos referimos a sustancias que en contacto con la piel, ayudan a su renovación.
Gracias a su ligero peso molecular, permiten una penetración profunda en el cutis, y así se obtienen resultados más rápidos, intensos y duraderos.
Tienen la capacidad de penetrar hasta la dermis, ahí realizan una importante acción antiedad, al estimular la producción de mucopolisacaridos, como el ácido hialurónico. Mejoran la calidad de las fibras de elastina y colágeno, por lo que la piel se verá más hidratada y luminosa.
Existen dos tipos de ácidos que se utilizan en cosmética: los AHA (alfa-hidroxiácidos) y los BHA (beta-hidroxiácidos). Al aplicarlos, producen una exfoliación de la piel, que ayuda a eliminar las células más antiguas, mejorando el aspecto de la piel. Son muy efectivos y pueden ayudar a mejorar problemas de fotoenvejecimiento, arrugas, opacidad, manchas de sol, cicatrices de acné, o disimular pequeñas lineas de expresión y mejorar la hidratación de la piel.
Aquí os dejo una selección de los ácidos más comunes:
Ácido Glicólico: es un renovador de la piel y el más conocido por su efecto peeling.
Ayuda a eliminar las capas más externas de la piel, y puede penetrar más profundamente. Tiene la capacidad de mejorar la hidratación de la piel.
Mejora la producción de colágeno, y hace que la piel aumente su firmeza.
Lo más conveniente es hacer descansos en la aplicación de este ácido, así conseguiremos que su eficacia se alargue en el tiempo.
Se usa en tratamientos de acné. Es muy común verlo en productos de limpieza facial como geles y tónicos, o en sérums y cremas hidratantes.
Se usa en concentraciones de entre un 4% y un 20%.
Naturalmente, se extrae de plantas dulces como el azúcar de caña, la piña o la remolacha azucarera.
Ácido cítrico: Muy antioxidante, da mucha luminosidad a la piel.
Exfolia las células muertas, mejorando las finas líneas de expresión, arrugas y estrías. Aporta mucha luminosidad e hidratación a la piel.
Se puede combinar con minerales, como el aluminio, las sales de nitrato de aluminio y citrato de zinc, que son muy astringentes, por lo que suelen usarse en pieles acneicas, para regular el sebo.
Mejora la limpieza de la piel.
Ayuda a destapar poros, y se suelen usar muy a menudo como aditivos para regular el PH de los productos cosméticos, por lo que, aunque lo veamos en la etiqueta de un producto, no necesariamente quiere decir, que tenga efectos exfoliantes, ya que depende mucho de la concentración.
Se obtiene del limón, la lima, la naranja y el pomelo.
Ácido azelaico: Para pieles sensibles e inflamadas.
Se trata de uno de los ácidos más potentes, por lo que se suele usar en problemas severos de acné, inflamación y manchas. Actúa como antibacteriano, reduciendo la proliferación de las bacterias en los folículos, previene las infecciones y las inflamaciones.
Es conveniente que su uso sea supervisado por un profesional, ya que es un ácido muy fuerte. Aunque se puede usar en pieles sensibles y muy infladas, como las que tienen brotes de acné severos o rosácea. Es conveniente combinarlas con productos calmantes e hidratantes.
Se suele usar en concentraciones de entre un 4% y un 20%.
Este ácido lo podemos encontrar en el trigo, la cebada y el centeno.
Ácido láctico: Es un exfoliante fantástico para las pieles más sensibles.
Es de los ácidos más suaves, la piel lo admite fácilmente, por lo que será efectivo para pieles sensibles.
Penetra en las capas más internas de la piel, y mejora la producción de colágeno y elastina.
Mejora la barrera lipídica de la piel, ya que aumenta las ceramidas que contiene.
En concentraciones bajas (5% aproximadamente) ayuda a mejorar el tono de la piel.
Lo producen las bacterias, al fermentar la lactosa, uno de los azucares de la leche.
Ácido málico: Exfoliante y antiséptico.
A nivel cosmético, mejora la suavidad, luminosidad y firmeza de la piel.
Es un ácido que podemos considerar suave, por lo que es recomendable en personas de piel sensible. En cosméticos suele estar acompañado de otros ácidos, para mejorar su efectividad, como pueden ser el glicólico o el láctico.
Algunas veces, aparece combinado con vitamina C.
El ácido málico es otro tipo de AHA, que se encuentra en las frutas, como las manzanas. También podemos encontrarlo en el vino.
Cuando las frutas maduran, el ácido málico se transforma en láctico.
Ácido ferúlico: Muy antioxidante, captador de radicales libres y protector frente a La Luz UV.
Este ácido, tiene una gran capacidad para actuar frente a los radicales libres, por lo que tiene una importante acción antioxidante.
Al tener la capacidad de neutralizar los radicales libres, ayuda a prevenir el daño del ADN celular, y protege las células, preservando la piel del envejecimiento.
En cosmética, se suelen encontrar en sérums y ampollas antioxidantes, que además incluyen la vitamina C, para potenciar esta acción. Este, actúa ayudando a la regeneración lipídica de la piel. Se recomienda para todo tipo de pieles, especialmente las secas.
Ácido hialuronico: Es hidratante y protege la piel.
Es una sustancia que se encuentra de manera natural en nuestro organismo. Ayuda a mantener la piel hidratada y con una textura jugosa. Sin embargo, debido al paso de los años, esta sustancia va disminuyendo.
Tiene una gran capacidad de absorber agua, hasta mil veces su peso . Es capaz de actuar como si fuera una esponja, absorbiendo agua y manteniéndola.
Su función es aumentar el volumen e hidratar la piel.
Ayuda a rellenar arrugas, y con ello se logra que se vean menos profundas. No tiene una acción peeling, como sí la tienen los AHA y los BHA.
Ácido salicílico: Está indicado para pieles acneicas y con psoriasis.
Se aconseja su uso bajo prescripción médica, ya que puede llegar a ser bastante irritante.
Este ácido, es el más apropiado para pieles grasas y con acné.ya que además de tener la capacidad de penetrar en los poros, limpiándolo y absorbiendo el exceso de grasa, también tiene acción antiinflamatoria.
la acción de limpieza del poro, evita que se acumulen células muertas y exceso de grasa, evitando así la aparición del acné. Además, es un excelente antiséptico y antimicrobiano. Se suele incluir en los productos callicidas, y para eliminar verrugas.
En caso de psoriasis, cuando se ha engrosado mucho la piel, se puede aplicar una crema que contenga una leve concentración de ácido salicílico.
La fuente natural del ácido salicílico, es la corteza de sauce.
Ácidos madélico: Mejora la renovación celular de la piel, especialmente en la piel inflamada.
Ayuda a disminuir las arruguitas finas y es beneficioso frente al fotoenvejecimiento. Este tipo de ácido, está especialmente recomendado en personas con manchas de acné, y melazas.
Ocasiona menos rojeces que otro tipo de ácidos, como el glicólico, por lo que se puede usar en la piel con rosácea, manchas o inflamaciones e infecciones cutáneas. Se puede usar en pieles especialmente irritadas.
Para mejorar manchas de acné, se suele combinar con el ácido salicílico, ya que gracias a su actividad antimicrobiana, mejora estas lesiones. También se puede usar en acné con rosácea.
Este ácido se extrae de las almendras amargas.
Ácido kójico: Principalmente tiene una acción despigmentante.
Tiene la capacidad de inhibir algunas enzimas del metabolismo, entre ellas, algunos polifenoles, xantinas y aminoácidos, responsables de la formación de melanina.
Así, se evita la sobreproducción de esta, y en consecuencia, con su uso conseguimos blanquear la piel. Por ello, se aconseja usar este ácido, cuando hay manchas en la piel puntuales, o melasma.
En cosmética se suele combinar con otro tipo de ácidos, como el glicólico, que al exfoliar la piel, mejora esta acción despigmentante.
Usos:
Hay muchos ácidos que necesitan prescripción médica, o al menos, debe ser recomendado por un experto. Pero, algunos otros, se pueden conseguir en cualquier tienda de cosmética. Por eso, sí estas pensando comprar uno, te dejo estas recomendaciones de uso:
-Úsalos, preferentemente de noche. Por la mañana, lava e hidrata bien el rostro.
-Al realizarse una exfoliación, la piel queda más fina y desprotegida, por lo que es necesario aplicar filtro solar, sí o sí, en un factor alto. Aunque este es un paso fundamental en una buena rutina de belleza, ya estés usando ácidos o no.
-Empieza usando concentraciones bajas, entre un 5% y un 7%, para ir probando y haciendo que tu piel se adapte poco a poco.
-En el contorno de ojos, usa concentraciones mucho más bajas, del 2%, y no todos los días. Ahí tenemos la piel mucho mas fina y sensible, así que hay que usar productos suaves y delicados con la piel.
-Si vas a usar concentraciones elevadas, de hasta un 20%, es conveniente limitar el tiempo de exposición. Yo lo dejaría 15 minutos y luego lo retiraría. Lo iría aumentando progresivamente después.
Aunque no soy una experta, he intentado daros una visión general de este tema, y así, si estáis pensando en usar algún tipo de ácido, os podáis hacer una idea de la variedad y funciones que tienen.
Espero que os guste, ¡ Hasta la próxima!
Con la edad, el ritmo de renovación de las células cambia, y se ralentiza, provocando cambios en las condiciones de la piel.
Las células, en una piel joven, tardan 28 días en llegar a la superficie. Sin embargo, a partir de los 30 años, este proceso se vuelve más lento, acumulándose más células muertas en la piel. Eso, nos dará un aspecto más opaco y rugoso, y la producción de fibras de elastina y colágeno será mas lenta, provocando la aparición de finas líneas de expresión.
Esto es algo natural, el paso del tiempo lo cambia todo, y nuestra piel no iba a ser menos. No hay que dramatizar, ya que, el cumplir años sólo significa que estamos vivos, y eso es maravilloso.
No obstante, para las que nos gusta cuidarnos y tener una piel bonita y saludable, tenemos algunos aliados a los que acudir para luchar contra los signos de la edad y las imperfecciones de la piel.
Los ácidos cosméticos:
Cuando hablamos de ácidos cosméticos, nos referimos a sustancias que en contacto con la piel, ayudan a su renovación.
Gracias a su ligero peso molecular, permiten una penetración profunda en el cutis, y así se obtienen resultados más rápidos, intensos y duraderos.
Tienen la capacidad de penetrar hasta la dermis, ahí realizan una importante acción antiedad, al estimular la producción de mucopolisacaridos, como el ácido hialurónico. Mejoran la calidad de las fibras de elastina y colágeno, por lo que la piel se verá más hidratada y luminosa.
Existen dos tipos de ácidos que se utilizan en cosmética: los AHA (alfa-hidroxiácidos) y los BHA (beta-hidroxiácidos). Al aplicarlos, producen una exfoliación de la piel, que ayuda a eliminar las células más antiguas, mejorando el aspecto de la piel. Son muy efectivos y pueden ayudar a mejorar problemas de fotoenvejecimiento, arrugas, opacidad, manchas de sol, cicatrices de acné, o disimular pequeñas lineas de expresión y mejorar la hidratación de la piel.
Tipos:
Aquí os dejo una selección de los ácidos más comunes:
Ácido Glicólico: es un renovador de la piel y el más conocido por su efecto peeling.
Ayuda a eliminar las capas más externas de la piel, y puede penetrar más profundamente. Tiene la capacidad de mejorar la hidratación de la piel.
Mejora la producción de colágeno, y hace que la piel aumente su firmeza.
Lo más conveniente es hacer descansos en la aplicación de este ácido, así conseguiremos que su eficacia se alargue en el tiempo.
Se usa en tratamientos de acné. Es muy común verlo en productos de limpieza facial como geles y tónicos, o en sérums y cremas hidratantes.
Se usa en concentraciones de entre un 4% y un 20%.
Naturalmente, se extrae de plantas dulces como el azúcar de caña, la piña o la remolacha azucarera.
Ácido cítrico: Muy antioxidante, da mucha luminosidad a la piel.
Exfolia las células muertas, mejorando las finas líneas de expresión, arrugas y estrías. Aporta mucha luminosidad e hidratación a la piel.
Se puede combinar con minerales, como el aluminio, las sales de nitrato de aluminio y citrato de zinc, que son muy astringentes, por lo que suelen usarse en pieles acneicas, para regular el sebo.
Mejora la limpieza de la piel.
Ayuda a destapar poros, y se suelen usar muy a menudo como aditivos para regular el PH de los productos cosméticos, por lo que, aunque lo veamos en la etiqueta de un producto, no necesariamente quiere decir, que tenga efectos exfoliantes, ya que depende mucho de la concentración.
Se obtiene del limón, la lima, la naranja y el pomelo.
Ácido azelaico: Para pieles sensibles e inflamadas.
Se trata de uno de los ácidos más potentes, por lo que se suele usar en problemas severos de acné, inflamación y manchas. Actúa como antibacteriano, reduciendo la proliferación de las bacterias en los folículos, previene las infecciones y las inflamaciones.
Es conveniente que su uso sea supervisado por un profesional, ya que es un ácido muy fuerte. Aunque se puede usar en pieles sensibles y muy infladas, como las que tienen brotes de acné severos o rosácea. Es conveniente combinarlas con productos calmantes e hidratantes.
Se suele usar en concentraciones de entre un 4% y un 20%.
Este ácido lo podemos encontrar en el trigo, la cebada y el centeno.
Ácido láctico: Es un exfoliante fantástico para las pieles más sensibles.
Es de los ácidos más suaves, la piel lo admite fácilmente, por lo que será efectivo para pieles sensibles.
Penetra en las capas más internas de la piel, y mejora la producción de colágeno y elastina.
Mejora la barrera lipídica de la piel, ya que aumenta las ceramidas que contiene.
En concentraciones bajas (5% aproximadamente) ayuda a mejorar el tono de la piel.
Lo producen las bacterias, al fermentar la lactosa, uno de los azucares de la leche.
Ácido málico: Exfoliante y antiséptico.
A nivel cosmético, mejora la suavidad, luminosidad y firmeza de la piel.
Es un ácido que podemos considerar suave, por lo que es recomendable en personas de piel sensible. En cosméticos suele estar acompañado de otros ácidos, para mejorar su efectividad, como pueden ser el glicólico o el láctico.
Algunas veces, aparece combinado con vitamina C.
El ácido málico es otro tipo de AHA, que se encuentra en las frutas, como las manzanas. También podemos encontrarlo en el vino.
Cuando las frutas maduran, el ácido málico se transforma en láctico.
Ácido ferúlico: Muy antioxidante, captador de radicales libres y protector frente a La Luz UV.
Este ácido, tiene una gran capacidad para actuar frente a los radicales libres, por lo que tiene una importante acción antioxidante.
Al tener la capacidad de neutralizar los radicales libres, ayuda a prevenir el daño del ADN celular, y protege las células, preservando la piel del envejecimiento.
En cosmética, se suelen encontrar en sérums y ampollas antioxidantes, que además incluyen la vitamina C, para potenciar esta acción. Este, actúa ayudando a la regeneración lipídica de la piel. Se recomienda para todo tipo de pieles, especialmente las secas.
Ácido hialuronico: Es hidratante y protege la piel.
Es una sustancia que se encuentra de manera natural en nuestro organismo. Ayuda a mantener la piel hidratada y con una textura jugosa. Sin embargo, debido al paso de los años, esta sustancia va disminuyendo.
Tiene una gran capacidad de absorber agua, hasta mil veces su peso . Es capaz de actuar como si fuera una esponja, absorbiendo agua y manteniéndola.
Su función es aumentar el volumen e hidratar la piel.
Ayuda a rellenar arrugas, y con ello se logra que se vean menos profundas. No tiene una acción peeling, como sí la tienen los AHA y los BHA.
Ácido salicílico: Está indicado para pieles acneicas y con psoriasis.
Se aconseja su uso bajo prescripción médica, ya que puede llegar a ser bastante irritante.
Este ácido, es el más apropiado para pieles grasas y con acné.ya que además de tener la capacidad de penetrar en los poros, limpiándolo y absorbiendo el exceso de grasa, también tiene acción antiinflamatoria.
la acción de limpieza del poro, evita que se acumulen células muertas y exceso de grasa, evitando así la aparición del acné. Además, es un excelente antiséptico y antimicrobiano. Se suele incluir en los productos callicidas, y para eliminar verrugas.
En caso de psoriasis, cuando se ha engrosado mucho la piel, se puede aplicar una crema que contenga una leve concentración de ácido salicílico.
La fuente natural del ácido salicílico, es la corteza de sauce.
Ácidos madélico: Mejora la renovación celular de la piel, especialmente en la piel inflamada.
Ayuda a disminuir las arruguitas finas y es beneficioso frente al fotoenvejecimiento. Este tipo de ácido, está especialmente recomendado en personas con manchas de acné, y melazas.
Ocasiona menos rojeces que otro tipo de ácidos, como el glicólico, por lo que se puede usar en la piel con rosácea, manchas o inflamaciones e infecciones cutáneas. Se puede usar en pieles especialmente irritadas.
Para mejorar manchas de acné, se suele combinar con el ácido salicílico, ya que gracias a su actividad antimicrobiana, mejora estas lesiones. También se puede usar en acné con rosácea.
Este ácido se extrae de las almendras amargas.
Ácido kójico: Principalmente tiene una acción despigmentante.
Tiene la capacidad de inhibir algunas enzimas del metabolismo, entre ellas, algunos polifenoles, xantinas y aminoácidos, responsables de la formación de melanina.
Así, se evita la sobreproducción de esta, y en consecuencia, con su uso conseguimos blanquear la piel. Por ello, se aconseja usar este ácido, cuando hay manchas en la piel puntuales, o melasma.
En cosmética se suele combinar con otro tipo de ácidos, como el glicólico, que al exfoliar la piel, mejora esta acción despigmentante.
Usos:
Hay muchos ácidos que necesitan prescripción médica, o al menos, debe ser recomendado por un experto. Pero, algunos otros, se pueden conseguir en cualquier tienda de cosmética. Por eso, sí estas pensando comprar uno, te dejo estas recomendaciones de uso:
-Úsalos, preferentemente de noche. Por la mañana, lava e hidrata bien el rostro.
-Al realizarse una exfoliación, la piel queda más fina y desprotegida, por lo que es necesario aplicar filtro solar, sí o sí, en un factor alto. Aunque este es un paso fundamental en una buena rutina de belleza, ya estés usando ácidos o no.
-Empieza usando concentraciones bajas, entre un 5% y un 7%, para ir probando y haciendo que tu piel se adapte poco a poco.
-En el contorno de ojos, usa concentraciones mucho más bajas, del 2%, y no todos los días. Ahí tenemos la piel mucho mas fina y sensible, así que hay que usar productos suaves y delicados con la piel.
-Si vas a usar concentraciones elevadas, de hasta un 20%, es conveniente limitar el tiempo de exposición. Yo lo dejaría 15 minutos y luego lo retiraría. Lo iría aumentando progresivamente después.
Aunque no soy una experta, he intentado daros una visión general de este tema, y así, si estáis pensando en usar algún tipo de ácido, os podáis hacer una idea de la variedad y funciones que tienen.
Espero que os guste, ¡ Hasta la próxima!
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